La tecnología no asegura adopción (y eso te cuesta millones)
Cuando creamos futuro, dirigimos personas y recursos hacia un destino que no podemos ver. Al igual que los pilotos, los directores y gerentes navegamos por instrumentos. ¿Cómo hacemos cuando los instrumentos que tenemos, nos dan lecturas erróneas?


Navegar a ciegas
Si estamos en el polo norte, la brújula no encuentra dirección: no hay un “ángulo” donde esté el norte. Y hacia todos lados, está el sur.
Lo mismo sucede en la industria del software con un principio que nos ha acompañado desde los inicios: la idea de que la tecnología agregaba valor por sí misma.
Ahí donde no había tecnología, la incorporábamos. Y de forma automática, creábamos valor. Eso llevaba naturalmente a su adopción y a mejores resultados.
Este principio nos ayudó a establecer dirección durante décadas: primero en los procesos de informatización, y luego en la transformación digital.
La brújula que dejó de funcionar
Hoy ocurre que ya nos encontramos en el Norte de estos procesos: ya hay una computadora en cada escritorio, una en cada bolsillo (móvil), una en cada living y habitación (smart TV), varias en cada auto…
Entonces, este principio que fue nuestra brújula, hoy nos da lecturas erróneas.
El caso Copilot
Es así que Microsoft –nada casualmente, la empresa que tuvo por misión “una computadora en cada escritorio y en cada hogar”–, contando con un equipo de ingeniería de primer nivel, un presupuesto de marketing comparable al PBI de un país pequeño, y un canal de distribución privilegiado (las actualizaciones del sistema), lo que ha logrado es… un meme:

Copilot no es una excepción. Es la advertencia de que el principio de que “la tecnología asegura adopción” ya no aplica.
Es la punta del iceberg de miles de proyectos que veremos este año, cuyo postmortem será: “no lo hicimos porque era fácil, útil, ni rentable: lo hicimos porque el entusiasmo en la IA, nos hizo creer que lo sería“.
Desarrollo y adopción ya no van juntos.
Hoy la ecuación ya no es “más tecnología = más adopción = mejores resultados”.
Hoy la ecuación es: “Tecnología x Adopción = Resultados”.
Si adopción es cero, todo esfuerzo aplicado en Tecnología, es desperdicio.
La pregunta correcta
La pregunta ya no es: ¿Qué tecnología deberíamos agregar?
Sino: ¿Qué problema estamos tratando de resolver, y cuál es la manera más simple, rápida y económica de validar si eso es un buen negocio?
La adopción no “ocurre”: se diseña.
Y se diseña antes de escribir una línea de código.
Porque cada proyecto que arranca sin validar adopción es costo hundido.
Si tu próximo proyecto todavía empieza por tecnología, ya empezó mal. Hablemos antes.