La mutua desconfianza es un veneno para relaciones de valor.

En una relación de mutua desconfianza, cada recomendación del proveedor pasa por la sospecha: “esto que me dice no lo sabía, así que quizás no sea necesario y me lo quiere encajar para inflar costos”. Y cada pregunta del cliente pasa por la sospecha: “me pregunta todo esto para que le arme la solución, y después pedirle a otro que la ejecute, sin darse cuenta de lo mal que hacen las cosas”.

El problema es que ambas sospechas pueden ser razonables, y fundadas en experiencia previa.

Construir una relación de confianza es un problema que puede ser diseñado.

En Kambrica analizamos el problema y las prácticas de la industria, y lo atacamos en su base: la estructura de incentivos.

Nuestros procesos de consultoría UX y diseño estratégico tienen su propio alcance y presupuesto. Al no haber conflictos de intereses, tenemos la libertad de recomendar la forma más eficiente de hacer un proyecto UX o de desarrollo de software… o incluso de reducirlo, cambiarlo, postergarlo o directamente no hacerlo.

En un proyecto para una empresa mundial de Banca, Finanzas & Seguros, por ejemplo, la organización llegó con una conclusión tomada: “necesitamos una App”. En una sola reunión descubrimos que no era así. Aplicando nuestra metodología, resolvimos el problema real con una fracción del presupuesto que pedían agencias y software factories.

Nuestro compromiso, declarado en nuestro código de ética y confirmado en nuestro track record, es el de a ayudar a nuestros clientes a tomar mejores decisiones: reducir desperdicios, riesgos e incertidumbre, incluso cuando eso pueda implicar un supuesto “perjuicio comercial” para nosotros.

Entendemos una diferencia fundamental entre extraer valor de una relación y construir valor con ella.

  • Si el negocio se basa en extraer valor, un proyecto es una oportunidad de vender más horas, más personas, más tecnología y más ejecución.
  • Si el negocio se basa en construir valor, la consultoría tiene que poder descubrir cuándo el proyecto imaginado al principio estaba mal planteado.

Por eso, nuestros casos no se basan solamente en proyectos contratados, premios o pantallas producidas. Son casos de negocio reales, donde nuestro trabajo resultó en software en producción, aceptado por los clientes finales y logrando resultados para el negocio.

Porque sin impacto en lo que los usuarios experimentan, sin outcomes, no hay Experiencia de Usuario.
Hay sólo pantallas, “recursos” y “horas” facturadas.

Y nuestros clientes se merecen mucho más que eso.