Cuando un usuario se suscribe a nuestra lista está estableciendo una relación con nosotros. Y las reglas de una relación son iguales con internet o sin ella: si a la mina (vamos a suponer que somos hombres) le escribís todos los días y no te da bola, claramente no le interesa que le sigas escribiendo. Ahora, si cada vez que le escribís ves que abre los mensajes aunque no te conteste, podemos inferir que algo de interés hay y que si seguimos tratando tal vez algún día nos de bola.

Las aplicaciones/servicios de email marketing tienen métricas sobre el comportamiento de los usuarios con nuestros emails: apertura, clicks, etc. Y la mayoría permite segmentar en función de este comportamiento.

Con esta información, por ejemplo, podemos hacer un segmento que incluya a todos los usuarios que abrieron los últimos N emails. A este segmento le seguimos enviando mails.

A los usuarios que quedaron afuera de este segmento, hacemos el segmento opuesto y:

  • les dejamos de enviar emails
  • o les mandamos un mail diciendo “volvé que te extrañamos” o “mirá todo lo que te estás perdiendo”